La ONG católica para el desarrollo Manos Unidas arranca la Campaña contra el hambre con el Día del Ayuno Voluntario, que se celebra el viernes 8 de febrero.
Ese día tenemos una cita en la parroquia de Stella Maris, a las 19,30 horas, en una Eucaristía que presidirá el Sr. Obispo y en la que se leerá el manifiesto oficial de Manos Unidas en el que se denuncian las situaciones de pobreza de nuestro mundo, y cada uno se compromete a buscar la justicia.
El lema elegido por Manos Unidas este año es “Madres sanas, derecho y esperanza” y se refiere a uno de los objetivos del Desarrollo del Milenio: mejorar la salud materna y reducir la tasa de mortalidad en tres cuartas partes para el año 2015. Y es que, como afirma Manos Unidas, las mujeres se ocupan, en general, de la atención a la salud de sus familias, especialmente de los que no se valen por sí mismos, y del cuidado del hogar. Todo esto es especialmente cierto en los países del sur. Por eso, la salud materna es un factor esencial para reducir la pobreza y promocionar el desarrollo de los pueblos.
Nos lo explica la delegada de Manos Unidas en Málaga, que recientemente ha visitado los proyectos de Mozambique.
En una sociedad en la que queremos que nos den pruebas de todo, Manos Unidas invita cada año a un misionero para que, durante toda su campaña, recorra los colegios y las comunidades cristianas y cuente su experiencia en vivo y en directo. Este año, la delegación de Manos Unidas encomendó a su presidenta, María Luisa Alonso, que visitara, durante 11 días, 9 proyectos de desarrollo puestos en marcha en Mozambique, para que transmitiera su experiencia durante la campaña. Y eso es lo que pretendemos en la siguiente entrevista:
– Manos Unidas os envió a cinco voluntarios de distintas delegaciones a Mozambique, ¿cómo os habéis encontrado el país?
– Mozambique es uno de los países preferentes de Manos Unidas para la campaña de este año.
Está situado al este del continente africano. Es uno de los siete países más pobres. Tiene cerca de 19 millones de habitantes y 14 etnias diferentes, procedentes de un mismo tronco, el Bantú. Más de la mitad de su población vive bajo el umbral de la pobreza, es decir, subsisten con menos de un dólar al día. La esperanza de vida es de poco más de 37 años para los hombres y 35 para las mujeres.
La mortalidad infantil es del 136,7 por mil. El 28% de los hombres y el 70% de las mujeres son analfabetos. Las mujeres no tienen ningún derecho, pero sí múltiples obligaciones. Fue colonia portuguesa hasta 1974, año en que consiguió la independencia. Después de 16 años de guerra civil y un millón de personas muertas y dos millones de desplazados a otros países, se firmó la paz en 1992.
Por todo esto, Mozambique es, en la actualidad, un país desolado por la guerra y por el azote del sida, la malaria y la tuberculosis, pero con signos de esperanza como los proyectos de desarrollo que visitamos.
– Entre los proyectos que visitasteis destacan los de salud y educación, y seguro que en ellos os encontrasteis rostros concretos que confirman que lo que se aporta en la campaña de Manos Unidas llega al lugar de destino.
– Efectivamente, esta experiencia va a ser para mí el motor de mi vida y de mi compromiso de servicio a los demás. Te cuento, por ejemplo, la visita a un centro educativo en la localidad de Inharrime, con una población de 75.000 habitantes, que se dedican a la agricultura de subsistencia. Las salesianas de san Juan Bosco se instalaron allí en 2003. Construyeron la Casa “Laura Vicuña”, con un internado, una escuela de secundaria y una escuela de formación de alumnos y formación agropecuaria que beneficia a 550 personas. Las niñas del internado son niñas en situación de riesgo, huérfanas por causa de sida. El orden de prioridad para su admisión es siempre la que menos tiene.
Aquí quiero destacar la labor de la hermana Lucilia, salesiana. Nunca en mi vida he visto, ni conocido a una persona como ella, no sólo por su dedicación y entrega, sino también por el inmenso amor al prójimo que se desprende de toda su persona.
Tuvimos ocasión de presenciar lo siguiente: llegó una anciana portando en brazos, al estilo de Mozambique, a un precioso bebé de unos pocos meses. La hermana Lucilia nos contó que el niño había nacido en febrero y en marzo murió su madre. La abuela era su única familia y se hizo cargo del bebé, pero era tan pobre que no tenía medios para criarlo. Supo de la hermana Lucilia y acudió a ella con el niño medio muerto de hambre. La hermana preparó un biberón, cogió al niño y le dio de comer. Desde entonces, este pequeño pasó a ser uno de sus más de 400 apadrinados y todos los meses le facilita un vale a la abuela para alimentos. Se llama Sofrido-Samuel. Sofrido en portugués significa sufrido, en recuerdo a las penurias que pasó hasta encontrar a la hna. Lucilia.
