Por segundo año consecutivo, el secretariado de Pastoral de la Salud ha puesto en marcha un curso intensivo de formación para todos los agentes de pastoral de la salud de nuestra diócesis; y también, para aquellas personas que, sin formar parte de ninguna organización pastoral, sienten la necesidad de reflexionar y profundizar en el tema de la ayuda en la enf ermedad.
Este curso lleva por título “Curso básico de relación de ayuda” y, según afirma Danilo Farneda, uno de sus organizadores, las c lases se centrarán en “abrir una ventana que permita clarificar conceptos, asumir actitudes y comprometerse en el trabajo de algunas habilidades para tratar a nuestros enfermos, para hablar con ellos, para comprenderlos. Porque, ¿sabemos realmente cómo ayudarlos?”
“No suele ser sencillo promover la búsqueda de sentido ante el dolor propio y el de nuestros seres queridos. En definitiva, encontrar una respuesta coherente al sufrimiento que padecen una determinada persona y su familia. El curso está orientado, por tanto, a aumentar la competencia del agente de pastoral”, responde Danilo Farneda, miembro del equipo del secretariado de Pastoral de la Salud y organizador del curso, cuando le preguntamos por qué se ha formulado un programa de formación basado en la relación de ayuda.
Por tanto, continúa, “la relación de ayuda es un don y una conquista. Un don del Espíritu, que mueve nuestros corazones al encuentro del que sufre y sostiene el compromiso en medio de las dificultades. Y una conquista, porque requiere nuestro esfuerzo y compromiso para aprender y mejorar el arte del encuentro. Pues la relación de ayuda es un arte, y el arte también se aprende. No basta sólo la buena voluntad, sino que hay que aprender a acoger”.
La relación de ayuda constituye uno de los recursos más preciados en el desarrollo de la misión que asumen los agentes de pastoral de la salud. Y es que, “en el encuentro con el enfermo y su familia intervienen muchos imponderables y hay que saber cuáles son, cómo tratarlas y qué actitudes tomar al respecto”.
Farneda concreta estas actitudes en las siguientes: “Hay que intentar ser competentes y eficaces, sensibles y críticos; no hay que caer en las respuestas fáciles y estereotipadas, la mayoría de las veces identificadas con el consuelo artificial (ya pasará, el tiempo lo cura todo, es algo que nos pasa a todos...).
Es imprescindible crear empatía hacia la persona que queremos ayudar. Debemos interpretar los sentimientos, las palabras, los gestos... Saber escuchar y acoger, sin juicios de valor preconcebidos”. Pero, ¿qué hacer para poseer todas estas características? Farneda lo tiene claro: implicarse personalmente con quien quieres ayudar y, por supuesto, con su enfermedad. Darle todo el amor y la comprensión posibles, como respuestas a su dolor.
Ciento cincuenta personas de nuestra diócesis se beneficiaron del pasado curso y, para el próximo año, está previsto un nuevo curso de formación que versará sobre la atención a las personas mayores. De esta forma, dice Farneda, el secretariado de Pastoral de Salud intenta dar respuesta a las constantes demandas de formación por parte de personas comprometidas en este campo pastoral.
Farneda apuesta por la formación, que es una necesidad y una llamada dinámica que exige un diálogo continuo entre praxis y reflexión. “No hay mejor escuela para formarnos en la relación de ayuda que la reflexión crítica y en grupo sobre las propias actuac iones, ver en qué nos hemos equivocado y cómo podemos mejorarlo. Porque, al respecto, existe una amplia bibliografía, pero de nada sirve ésta si no es en un contexto de diálogo creyente, profundo y autocrítico, en la que maduren las actitudes y las habilidades necesarias para ejercer el ministerio que se nos ha confiado como agentes de pastoral de la salud”.
