Ante el incesante crecimiento de la siniestralidad laboral en la provincia de Málaga, la HOAC y el SECRETARIADO DIOCESANO DE PASTORAL OBRERA queremos manifestar ante la opinión pública lo siguiente:

Como trabajadoras y trabajadores, nos queremos unir al inmenso dolor de los familiares y allegados de estas víctimas, ofreciéndoles nuestra más fraternal solidaridad, y al mismo tiempo, expresar la rabia y la impotencia que sentimos, como personas del Mundo Obrero y como cristianos, ante esta cruda realidad que tan a menudo nos está sacudiendo.

Los/as trabajador/a tenemos la responsabilidad de velar por nuestra seguridad cumpliendo las normas de prevención de riesgos y reivindicando junto a nuestros/as compañeros/as que las empresas garanticen el cumplimiento de la ley en esta materia. Pero creemos que el problema de los accidentes laborales se debe afrontar no sólo desde el ámbito laboral, sino también desde todas las instancias sociales y políticas. Esta sangrante realidad exige el compromiso de toda la sociedad (administraciones, empresarios, trabajadores, sindicatos, partidos políticos, asociaciones… ).

Nadie puede mantenerse impasible ante tanta desgracia injusta, y en muchos casos, evitable.

Hoy en día se dispone de los adelantos y la tecnología suficientes para remediar esta sangría en la vida y la salud de los trabajadores y trabajadoras, pero creemos que mientras el trabajo humano esté sometido a la única lógica del máximo beneficio, mientras la productividad y la competitividad se logren a costa de degradar las condiciones laborales (flexibilidad geográfica, horaria, salarial y contractual, subcontratación y precariedad), los trabajadores y trabajadoras seguiremos pagando con nuestras vidas y salud la irracionalidad de este sistema de producción que padecemos.

Para nosotros como cristianos y para toda la Iglesia Católica, como se afirma en multitud de textos de la Doctrina Social de la Iglesia, la dignidad, la salud y la vida de cualquier trabajadora o trabajador son el bien más preciado. El valor del trabajo no reside en su rentabilidad económica, ni siquiera en el producto o servicio que genera, sino que el verdadero valor del trabajo está en la persona que lo realiza. Dios quiere que el trabajo sea para la vida.