El 7 de febrero se celebrará el encuentro de los agentes de Pastoral de la Salud en la diócesis.
Ésta es la décimosegunda Jornada Diocesana, para la que está prevista la participación de D. Sebastián Taltavull Anglada, secretario técnico de la Comisión de Pastoral de la Conferencia Episcopal Española y recién nombrado obispo auxiliar de Barcelona.
Más información sobre esta Jornada en la web de Pastoral de la Salud.
Unir nuestra cruz a la de Cristo
Sin duda, febrero es un mes abierto a la esperanza, de la que tanto necesitamos. Las festividades de la Candelaria y la de Nuestra Señora de Lourdes encienden vivas luminarias que nos señalan el camino seguro por donde nuestra vida de hijos de Dios ha de transcurrir.
Precisamente el 11 de febrero, cuando la Señora se apareció por primera vez en Lourdes, el Papa Juan Pablo II quiso que se celebrase la Jornada Mundial de los Enfermos.
Somos muchas las personas cuya vida se desarrolla bajo el signo del dolor; a quienes también el Santo Padre Benedicto XVI ha puesto, en numerosas ocasiones, bajo la protección de la Virgen y en contacto con su maternal sonrisa.
En especial, en su viaje a Lourdes con motivo del 150 aniversario de las apariciones. Allí, donde la Virgen nos pidió a todos, a través de Bernardette, oración y penitencia. También a nosotros, los que carecemos de salud y movilidad.
Por ello nos pide la aceptación del dolor, el esfuerzo diario para unir nuestra cruz a la Cruz de Cristo. Nos pide orar, sobre todo con la recepción de los Sacramentos de la Confesión y la Comunión, donde encontramos paz, fortaleza, alegría, serenidad, consuelo… Y con el rezo del Santo Rosario y la lección elocuente de sus oraciones y Misterios, que nos sugieren y enseñan a olvidarnos de nosotros mismos para pensar más en los demás: familia, sacerdotes, ministros de la Eucaristía, amigos…
¿Y cómo no? En los grandes y graves problemas que agobian a la humanidad en nuestra época: crisis económica, sí, pero también de valores, principios y virtudes religiosos, morales y humanos. Una de las facetas de esa crisis está en el denodado empeño de quienes quieren, a toda costa y con mucha prisa, proporcionarnos “una muerte digna” que en absoluto deseamos.
Porque el enfermo quiere vivir el tiempo que Dios quiera y no desea entrar en este siniestro juego de “la cultura de la muerte”. El enfermo tiene derecho a una vida digna y útil dentro de sus posibilidades. Una vida que reciba el cariño de quienes le rodean y el respeto de la sociedad y de las instituciones. Una vida que reciba los cuidados médicos, económicos y humanos adecuados
Una vida con la que poder demostrar el cariño y la gratitud que hay en su corazón. Y en la que todos los momentos sean ofrecidos: Por amor a Dios y a las almas; a la Iglesia y al Papa; a quienes no conocen al Señor o de Él se alejaron.
Por amor ¡también! a quienes, cegados por oscuros motivos, quieren disponer de nuestras vidas que pertenecen no a ellos, sino sólo a Dios, Camino, Verdad y Vida, Fuente inagotable de Fe, Esperanza y Amor.
