En su tradicional mensaje cuaresmal, el Papa nos recuerda los tres compromisos a los que estamos invitados en este tiempo litúrgico que nos invita a la conversión, entre otros, la limosna.

Pero, ¿qué significa la acción de dar limosna en pleno siglo XXI? ¿Por qué es tan importante para los cristianos? ¿Damos más de lo que obtenemos u obtenemos más de lo que damos? A éstas y otras cuestiones responderá el director de Cáritas Diocesana, Anselmo Ruiz, quien sabe de primera mano la importancia de la limosna, tanto para el que recibe esta ayuda, como para el que la da. No olvidemos que el número de personas que acude en la actualidad a Cáritas se ha incrementado notablemente debido a la crisis económica.

Desde que la crisis económica ha llegado a los hogares españoles, la cantidad de personas que acude a Cáritas ha aumentado en un 50 por ciento con respecto al pasado año. En la actualidad, cerca de 200.000 personas rec iben ayuda de Cáritas Diocesana, confirma el director de esta entidad, Anselmo Ruiz.

Pero, ¿está pasada de moda la limosna? Dice el director de Cáritas que, la limosna hay que encuadrarla en “una perspectiva de fe en la que no se trata de dar de lo que nos sobra, sino de compartir con aquellos que tienen menos que nosotros y que necesitan urgentemente nuestra ayuda”. Sin este importante matiz, la realidad del significado de la limosna puede llegar a difuminarse, e incluso, perderse. Es en este sentido, en el que actúan cada día voluntarios y trabajadores de Cáritas Diocesana en particular, y los cristianos en general, entendiendo que “los cristianos estamos llamados a compartir, porque ese es el camino para ser más personas, para encontrarnos con Dios, y por tanto, para ser más felices”, añade Anselmo Ruiz. Tanto unos como otros, están llamados a ayudar al prójimo como si de un hermano se tratara, porque son hijos de un mismo Padre.

Y es que, hablar de limosna no es pensar solamente en compartir nuestro dinero, sino en dar nuestro tiempo, en acoger al que no tiene dónde pasar la noche, en dar alegría y consolar la pena, en dar amor y esperanza a quien más lo necesita. Es así como se hace palpable la presencia de Dios en medio de nosotros.

Muchos acuden a las oficinas de Cáritas Diocesana y a las Cáritas parroquiales de la diócesis en busca de alimentos; otros necesitan pagar la mensualidad del alquiler o de la hipoteca, porque ya llevan varios meses en paro y el banco no les “perdona” más; otros deben el recibo del agua o de la luz... Son numerosas las personas que se hallan con dificultades todos los días y que encuentran consuelo y apoyo en Cáritas, “aunque, desgraciadamente, no podamos cubrir las necesidades de todos aquellos que nos buscan”, refiere Anselmo Ruiz.

Sin embargo, nosotros también tenemos la necesidad de limosna, pues gracias a ésta, los cristianos recibimos mucho más de lo que damos. Porque la experiencia vital que supone compartir el tiempo y la vida con personas que verdaderamente lo están pasando mal, nos repercute en un acercamiento a Dios que vale más que todo el oro del mundo y que merece la pena experimentar, especialmente en Cuaresma, tiempo de reencontrarse con uno mismo y con el Señor.