La Semana Santa está cargada de tradiciones y sentimientos, y en ocasiones, de historias verdaderamente emotivas que se nos escapan con el sonido de las cornetas y los tambores.
Sin ir más lejos, una vez más, el próximo Miércoles Santo podremos asistir a la liberación de un preso por privilegio de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús El Rico. Esta tradición, iniciada en el siglo XVIII por Carlos III, esconde cientos de historias maravillosas de conversión, perdón, arrepentimiento y esperanza.
Desde hace algunos años, diversas cofradías de la provincia también solicitan al Ministerio de Justicia la liberación de un preso de su distrito. Con esta medida, adquieren el compromiso de realizar un seguimiento personalizado para ayudarle y acompañarle en el duro camino que emprenden hacia su completa inserción social.
Los más de setenta voluntarios de Pastoral Penitenciaria conocen muy bien todas las difícultades y vicisitudes con las que se encuentra una persona tras su paso por prisión y la necesidad de acompañarla en el duro proceso de reconstrucción de la vida social que perdieron. En nuestra diócesis, Pastoral Penitenciaria lleva veinte años trabajando. Nutridos fundamentalmente de la fe, se entregan a esta dura tarea, que les encarga el Evangelio, convencidos de que la verdadera liberación sólo se consigue cuando la persona es capaz de recuperar su autonomía y tomar con decisión las riendas de su propia vida.
Su labor comienza en la cárcel, pero continúa en la calle, aun cuando la persona haya cobrado la libertad, porque es precisamente en este momento cuando más apoyo necesita. Dentro y fuera de la cárcel realizan un seguimiento a todos los niveles, siempre desde la voluntariedad.
La necesidad de escuchar un mensaje de esperanza, en el contexto del que hablamos, facilita mucho la apertura del corazón, afirma José A. Fernández, Director del Secretariado de Pastoral Penitencia.
En el Hogar Ntra. Sra. de la Merced, gestionado por Cáritas Diocesana desde hace seis años, un grupo de presos y ex-reclusos lucha día a día por tomar el pulso de sus vidas con la ayuda de Ángel Antonio, sacerdote y responsable del centro, y de Dori, una hija de la Caridad que trabaja en la casa, compartiendo con ellos el duro trance de romper con las adiciones o de curar las peores heridas, que son siempre las que se quedan en el alma.
Un equipo de voluntarios de Pastoral de la Salud se encarga también de la prevención, impartiendo charlas en diferentes centros de enseñanza secundaria sobre marginación, drogas y exclusión.
Esta actuación se complementa con una visita, por parte de los alumnos, a la Ciudad de la Justicia, donde pueden presenciar la celebración de un juicio y comprender la repercusión de cualquier acto delictivo en la vida de una persona.
