Junto a José Antonio Sánchez Herrera repasamos el sentido y el significado de las celebraciones que se llevan a cabo en nuestras parroquias estos días y que culminan el domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

José Sánchez es licenciado en Teología Dogmática y profesor del Seminario y del ISCR “San Pablo”, además de párroco del Santisimum Corpus Christi, en la barriada malagueña de Pedregalejo. Junto a él, repasamos el sentido y el significado de las celebraciones que se llevan a cabo en nuestras parroquias estos días y que culminan hoy, domingo de Pascua de la Resurrección del Señor.

Para el profesor, hay que recuperar la celebración de la fiesta cristiana por excelencia: la Vigilia Pascual. En la parroquia del Corpus, como en las demás parroquias de Málaga y del mundo entero, vamos a cantar el Aleluya (que hemos silenciado durante la Cuaresma) con toda la alegría, sonarán las campanas y viviremos en la luz... Toda esta liturgia, bellísima, no está puesta por gusto, sino que nos ayuda a vivir intensamente el gran misterio de la Resurrección del Señor”.

Con la celebración de la Pascua, la Iglesia se transforma en una gran ola de esperanza que quiere contagiar, y está contagiando, al mundo entero. Con hechos y con palabras, la Pascua nos dice que la muerte no tiene la última palabra, sino que es la penúltima, porque la última es Resurrección y Vida”.

La Iglesia de Málaga, a través de las parroquias y de sus múltiples instituciones, como colegios, residencias, hospitales, etc. hace presente la Resurrección “con signos y gestos como cuidar, sanar, acompañar, guiar, enseñar... Todas esas obras de misericordia, que muchos cristianos hacen presente en nombre del Señor y de su Iglesia en favor de la humanidad entera, brotan del misterio pascual”.

Frente a un mundo en crisis, que nos presenta un panorama triste y desolador para los próximos años, la Iglesia tiene una palabra de aliento y esperanza. “La ha dicho antes, la dice ahora y la va a seguir diciendo, aunque a veces no la quieran escuchar”, señala. Hay que recordar que la crisis es, entre muchas razones, el resultado de a dónde nos lleva el egoísmo humano. No saldremos de la crisis si estructuralmente no ponemos solidaridad, en lugar de egoísmo. Estamos hablando de que el sistema se agota. Pero no vamos a repetir sistemas agotados y caducos. Habrá que buscar nuevos métodos. El Evangelio no es una ideología, no es un sistema, pero puede inspirar muchos nuevos sistemas y nuevas vías.