El día 31 de julio la Iglesia celebra el día de san Ignacio de Loyola, un guipuzcoano que dejó un precioso legado a los cristianos de todos los tiempos: los ejercicios espirituales.

Y es que, al igual que el cuerpo se entumece cuando le falta actividad, también el espíritu necesita de entrenamiento para ser capaz de discernir la voluntad del Señor. Los ejercicios de san Ignacio nos acercan a nosotros mismos, con el marco del principio y fundamento, que se sostiene en la alabanza, la reverencia y el servicio a Dios nuestro Señor para, por medio de ello, salvar nuestra alma.

Ignacio, gran conocedor del ser humano, nos va conduciendo a través de un método que se convierte ya en imprescindible a lo largo de la vida, y que nos hace cuestionarnos lo que hemos hecho por Cristo hasta ahora, lo que hacemos por Cristo en la actualidad y lo que vamos a hacer por Él de aquí en adelante. Aunque pueden hacerse en la vida ordinaria, el verano es una buena ocasión para retirarnos de los ruidos exteriores e interiores, que nos impiden oír la voz del Señor, y hacer una experiencia de ejercicios. Cualquier persona puede hacerlos, no hace falta ningún requisito previo.

En nuestra diócesis, estos días, un grupo de veinte personas participan en una iniciativa de ejercicios organizada por la Comunidad de Vida Cristiana (CVX). Este movimiento, compuesto por hombres y mujeres enamorados del carisma de san Ignacio, se extiende por todo el mundo, y en nuestra provincia reúne a más de treinta miembros. Del 23 al 30 de julio, desde hace más de quince años, ofrecen la posibilidad de realizar ejercicios espirituales siguiendo el método ignaciano de forma personalizada en Villa Nazaret.

Son unos días de silencio en el que muchos malagueños y no pocos venidos de fuera tratan de discernir lo que el Señor les pide. Tienen más información en www.cvxe.blogspot.com. Son siete los acompañantes que participan en este retiro, y su labor no es dirigir, sino caminar junto a la persona que recorre el camino de las cuatro semanas, para ejercitar al espíritu en la contemplación del pecado, de la vida de Cristo, de su Pasión y Muerte y de su Resurrección.