¿Qué haría usted si su hijo o hija le dijese que quería ser sacerdote, religioso o religiosa? ¿Y si le dice que siente que su vocación es el matrimonio? Todas ellas son vocaciones de la Iglesia y para todas ellas tiene la diócesis de Málaga una experiencia que ofrecer a los más jóvenes.

La vocación es cosa de todos y no basta que nos quejemos de la falta de curas, o de la pena que nos da ver que los conventos tengan que cerrar y reunificar a sus hermanas por falta de vocaciones, o del alto porcentaje de matrimonios que se separan todos los años. Recemos para que siga habiendo jóvenes que entreguen su vida libremente al servicio de Dios y de los hermanos, y hablemos a nuestros hijos y a los jóvenes de nuestras parroquias de la alegría que supone responder SÍ. La fidelidad no está de moda, pero no hay persona más feliz que la que es fiel a la llamada del Señor que ha escuchado en su corazón.

Presentamos algunos testimonios de jóvenes valientes que se lo están planteando seriamente.

En el verano de 1983 se celebró en el Seminario una convivencia de chavales que sentían inquietudes vocacionales. Ésta fue la semilla que hizo germinar lo que hoy se conoce como Seminario Menor. Poco a poco, un equipo de sacerdotes y de seminaristas mayores, con mucho esfuerzo y creatividad, pusieron en marcha las convivencias de fin de semana, los encuentros, el seguimiento personal a los chicos, los ejercicios espirituales y las convivencias de verano. Un plan de formación que ayuda a los chicos a adquirir una síntesis de fe adecuada a su edad y motivaciones, y a vivir un tiempo de sereno discernimiento y maduración vocacional, según explica Javier Guerrero, actual rector del Seminario Menor.

En el Seminario Menor juegan un papel muy importante las familias de los chicos, con quienes se colabora estrechamente, y los sacerdotes, que son un ejemplo vivo de entrega y servicio en el que los chicos se miran.

Más de 1.000 chicos, de entre 12 y 18 años, han vivido la experiencia del Menor y han contagiado a otros de lo que han supuesto para ellos las convivencias mensuales, la de verano, etc.

En 1995, la diócesis de Málaga puso en marcha otra iniciativa vocacional: Monte Horeb. Un grupo de seglares, sacerdotes, religiosos y religiosas, junto con el Sr. Obispo, ofrecían a los jóvenes de entre 18 y 28 años un tiempo y un espacio para plantearse con seriedad “qué quiere Dios de ellos y cómo pueden servir mejor a los demás”. Los encuentros ocupan una tarde de sábado al mes, con tiempo para orar, reflexionar, celebrar la Eucaristía, compartir vivencias, etc. La experiencia, que dura un año, se completa con el acompañamiento espiritual del joven y con la oración y el trabajo personal que desarrolla durante el mes.

Alrededor de 450 jóvenes de toda la diócesis, y de algunas diócesis cercanas, han participado en esta experiencia. A la mayoría le ha ayudado a discernir su vocación y un importante porcentaje ha decidido su entrada en una congregación religiosa, en el Seminario, o ha comenzado su vida familiar.

Hace siete años nació otra experiencia vocacional: Sicar, destinada a chicas de entre 12 y 18 años. Un grupo de religiosas de distintas congregaciones vieron esta necesidad y unieron esfuerzos para que se convirtiese en una experiencia diocesana. Sicar es un espacio que favorece el encuentro consigo misma, con Cristo y con los demás. La experiencia consiste en una convivencia mensual y un trabajo personal de oración y acompañamiento de cada participante.

Más de 60 chicas han participado en esta experiencia.

Más información en la web de Pastoral Vocacional.