Estrenabas a penas juventud,
soñabas el amor como ideal,
eras frágil y débil: ¡de cristal!
pero firme y entera en la virtud.
Un alud de pasión, un ciego alud
te ciñó con la palma martirial
y tu cuerpo de niña angelical
alcanzaba la Vida en plenitud.
Niña en candor, en el valor, mujer,
testigo del amor y del perdón:
Despiértanos a un nuevo amanecer
con luz de juventud rebelde y sana,
que aspira a lo mejor y, con pasión,
estrena su ideal, cada mañana.
P. Chemary.
