Navidad 1998:
Misa de medianoche
1.- Navidad es un Misterio infinito (podemos contemplar a Dios en), que se expresa en signos humildes:
San Pablo lo expresará diciendo que en Navidad (y en un pesebre) “ha aparecido la Bondad de Dios y su Amor al hombre”. Y la santa judía recién canonizada, Edit Stein, lo describe así: “Dios se hizo hijo del hombre para que los hombres llegaran a ser hijos de Dios”.
El Misterio de la Navidad está en que podemos contemplar a Dios en el rostro de un niño pobre y débil.
2.- El Evangelio de San Lucas, que acabamos de contemplar, nos presenta el Misterio de Belén en tres escenas:
- el Nacimiento del niño.
- El anuncio del Ángel.
- La visita de los pastores.
En la narración se armonizan, a nivel popular, la sinceridad histórica, la teología, o sentido de los hechos desde la fe, el arte y la espiritualidad, con la sugestión pedagógica de un pesebre viviente. Nuestra meditación de esta noche puede centrarse en la contemplación de los diversos personajes: oír lo que dicen, ver lo que hacen, gustar sus sentimientos.
a). Los ángeles del anuncio:
San Lucas pone la comunicación del Misterio en boca de los ángeles, que son los “mensajeros de Dios”:
- dicen quién es el Niño:
- es el Salvador: por eso le llaman Jesús.
- es el Mesías: en quien se cumple la esperanza del pueblo.
- es el Señor: que es la expresión de fe de la divinidad del Señor.
- tienen el arte de presentar el Evangelio no como un peso, sino como una inmensa alegría.
- les indica el lugar del encuentro: en su humildad, el Niño del pesebre es el centro del universo y de la historia.
b). El coro de los ángeles rubrica el mensaje con un himno: “Gloria a Dios en el Cielo y en la tierra paz a los hombres que Dios ama”, indicando que en el Nacimiento de Jesús se realiza un triple abrazo cordial e inseparable:
- del Cielo con la tierra,
- de Dios con los hombres,
- de la Gloria divina con la paz del mundo.
Con el himno los ángeles felicitan a la humanidad por el nacimiento de su Enmanuel: Dios y Hombre. Plenitud conjunta de todos los valores del Cielo y de l tierra.
Al mismo tiempo que felicitan, los ángeles invitan: si de verdad queréis la Paz, seguid el camino de Belén. La gloria de Dios y la Paz de los hombres son inseparables. No puede invocar la Luz quien niegue el Sol.
c). La visita de los pastores al Niño.
Los pastores simbolizan a todo el mundo de los sencillos; los pobres de Dios son hombres con corazón de fe que invitan y se ponen en movimiento (“vamos”), son dóciles a la Palabra del Ángel, inteligentes para aceptar como Mesías a un niño en el pesebre y generosos para comunicar su alegría a los demás. Navidad nos invita a convertirnos a la ingenuidad y a la sinceridad de aquellos pastores.
d). Y María, con José, inseparable del Niño; San Lucas nos la presenta en actitud de adoración y de reflexión profunda: contempla, vive e irradia el Misterio de Dios-con-nosotros.
Sus sentimientos los refleja en el himno del Magnificat:
- sentimientos de alabanza y de glorificación de Dios:“Proclama mi alma la grandeza del Señor”.
- alegría serena y profunda: “se alegra mi espíritu”, desde la conciencia de que Dios, en Belén, ha hecho en ella maravillas.
Éste es el gran misterio de Navidad que se expresa en signos tan sencillos. Y éstas con las actitudes para poder captarlo y experimentar en nosotros su gozo y su alegría.
+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga
