Domingo de Resurrección
Año 1982
“Verdaderamente ha resucitado. ¡Alleluia!”, fue la exclamación llena de sorpresa y de alegría de los primeros discípulos de Jesús.
Lo inaudito comenzó a predicarse de Jesús de Nazaret: “a quien los hombres crucificaron, Dios lo ha resucitado”. “¡Está vivo! Nosotros lo hemos visto”.
No es un retorno a la vida frágil y mortal, sino glorificación, entrada en la vida inmortal.
La Resurrección es, de esta forma, un Mensaje:
1º. Que contrasta con todas las previsiones humanas:
- Se quiso sepultar su Palabra y su Verdad, pero Dios la rehabilitó.
- Los mismos discípulos se sienten desconcertados por el miedo, la duda y la sorpresa.
- Los enemigos de Jesús quieren desacreditar ese mensaje con mil falacias.
2º. Renueva la existencia del que lo acoge con fe:
Son trasladados a otro modo de vivir: en gozo, esperanza, comunión, confianza…
“Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rom 10, 9).
Poco a poco surgirá un espíritu sin soberbia, unas entrañas sin maldad, una vida sin dureza, una mirada purificada sobre el mundo y misericordiosa sobre los hombres.
La primera experiencia que tienen los discípulos de su encuentro con Jesucristo Resucitado es que sus vidas se han transformado; son otros:
- Su fe vacilante y entrecortada se afianza hasta la muerte.
- Siente la experiencia del perdón y de una alegría nueva.
- Experimentan un renovado entusiasmo por Jesucristo.
- Entienden con una nueva luz las palabras de Jesús que antes les resultaban misteriosas: la cruz, el servicio, la pobreza, la humildad…
- Aquellos viejos seguidores abatidos y frustrados descubren un amor que permanece y una vida nueva que sólo saben expresar en gozo y alabanza.
- Se sienten poseídos por una gracia que les sobrepasa, y llenos de alegría, con un ímpetu interior que nada ni nadie puede contener, comienzan la gran aventura misionera de anunciar el Evangelio de la Resurrección a todos los confines de la tierra.
El encuentro con Jesús Resucitado ha renovado y recreado su existencia. Miran hacia adentro y se sienten diferentes. Es distinta su manera de ser y de sentirse ante las cosas.
Sólo les queda una certeza: “¡Cristo vive!”, y llevan en su entraña la herida de la Pascua.
3º. A través de los cristianos se convierte en un fermento de esperanza para el mundo:
La resurrección de Jesús cambia radicalmente la situación de la humanidad:
Al resucitar Él, nace una posibilidad gratuita ofrecida a todos para vivir eternamente. “Muriendo destruyó nuestra muerte y resucitando restauró la vida”.
Actitudes ante la vida:
- Actualismo: miedo a enfrentarse con el futuro.
- Los que se aferran a la esperanza intramundana:
• personal: carrera, dinero, …
• colectiva: revolución, …
- Quien cree que no hay esperanza posible en el mundo. Decepcionado de todo.
La Iglesia está llamada a ser fuente de Esperanza:
- Frente al atrapado en el pasado porque escépticamente piensa que nada hay nuevo bajo el sol.
- Frente al desalentado, cuyas rodillas vacilan por la dureza del camino.
- Frente al desencantado porque experimenta que todo hombre es falaz.
- Frente al que se automargina de todo empeño comunitario por falta de ilusión o egoísmo.
- Frente al que el fracaso y el desengaño le han cegado las fuentes del corazón.
- Frente al que el resentimiento esteriliza su vida hacia fuera por la agresividad y hacia dentro por la amargura.
- Frente al que el roce diario ha hecho resabiado.
- Frente al que la esperanza se le queda en deseo, pues no trabaja en el sentido de lo que espera…
Frente a tantas enfermedades de la esperanza, el cristiano, que hunde sus raíces en el Resucitado, que sabe que la resurrección se inició en la muerte y se consumó en los cielos, debe convertirse en un fermento de Esperanza gozosa en el mundo.
Y esta esperanza cristiana que vive del futuro, debe también impulsar al hombre para acometer el futuro y para trabajar por un mundo más humano, más digno y más solidario… Porque el cristiano, frente a tanta intoxicación y adulteración, frente a tanta amenaza de destrucción, frente a tanta manipulación y profanación, se atreve a esperar una tierra nueva en que habite el conocimiento de Dios, la justicia, la paz originaria y la pureza de la creación divina.
4º. La resurrección es el núcleo del cristianismo:
La Iglesia es una comunidad de testigos:
- Que anuncian y recuerdan.
- Que celebran: en los Sacramentos.
- Y que viven, en sus vidas transformadas:
• en la gracia,
• en el perdón,
• en la fraternidad,
• en la alegría.
+ Antonio Dorado Soto,
Obispo de Málaga
