La gente mayor nos dice hoy a las generaciones más jóvenes que nuestro mundo actual es muy individualista. A nuestro mundo de hoy le falta volver a darse cuenta de que Dios no solamente quiere que miremos hacia el cielo, sino también hacia los que él nos ha puesto a nuestro lado. ¿El mejor ámbito donde los cristianos manifestamos esto? La Eucaristía. En ella, Dios sacia nuestra hambre, y nos invita a coger fuerzas para saciar nosotros el hambre física de tantas personas.

Hoy nos dice el Señor en el Evangelio aquella frase: “Dadles vosotros de comer”. Nos puede sonar solamente a algo que Jesús dijo a sus discípulos en aquel entonces. Pero si verdaderamente creemos que la Palabra de Dios “es viva y eficaz”, sabremos que también nos dirige a nosotros esa petición.

Siempre que Jesús aparece en el Evangelio celebrando una comida, o dando de comer –igual que hoy-, nos está recordando y anunciando esa gran comida con mayúsculas que el Señor nos prepara, y que es la Eucaristía. La Santa Misa no puede ser un acto de culto a Dios individualista y desencarnado de la vida de nuestros hermanos; nos debe llevar a vivir esa entrega de Jesús allí donde estemos. ¡Miremos a nuestro lado!

El Señor nos da la suerte de poder calmar el hambre física y el hambre de sentido en la vida de tantas personas, en su propio nombre.

¡Feliz domingo!