Rafael Carmona Estrada, diácono permanente en las parroquias de los Santos Mártires y San Juan Bautista, ayuda a profundizar en el Evangelio de este domingo, Solemnidad del Santísimo Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Hay un corazoÌn que late, que palpita en el Sagrario; un corazoÌn solitario que se alimenta de amor. Celebramos este domingo la Solemnidad del SantiÌsimo Cuerpo y Sangre de Cristo. Hoy nuestra mirada se concentra en la EucaristiÌa, donde Cristo renueva su entrega de amor y se ofrece totalmente a nosotros: su cuerpo y sangre, su alma y divinidad.
La fiesta del Corpus nos situÌa ante el misterio de la donacioÌn de Cristo en el misterio de la EucaristiÌa y la recepcioÌn por parte del creyente del mismo. JesuÌs en sus palabras, vincula la importancia de comprender dicho misterio a cuestiones fundamentales: comer su cuerpo y beber su sangre, nos permite tener vida plena o alcanzar la vida eterna en la resurreccioÌn final. Nos mueve a vivir en Cristo y ¡a que Cristo viva en nosotros!
El pan y el vino, el cuerpo y la sangre de Cristo, que son alimento para el camino, se hacen pan partido y compartido para todos. En este diÌa en el que la Iglesia celebra el DiÌa de la Caridad, las CaÌritas diocesanas y parroquiales estaÌn llamadas a dar testimonio de la caridad, por amor a Jesucristo, a todos los seres humanos necesitados, especialmente a los maÌs empobrecidos. Y nosotros con ellas.
Que las palabras de JesuÌs en este Evangelio nos ayuden a comprender uno de los misterios maÌs apasionantes y vivificantes de nuestra fe.
