El Bendicional, en su número 865, nos explica esta “tradición de la que nos habla ya el Antiguo Testamento”: “Es digna de conservarse, por lo que tiene de significativa, la costumbre de presentar los nuevos frutos, con el fin de bendecir a Dios por ellos. (...) nos recuerda la obligación de dar gracias a Dios por todos sus beneficios”.