María Ramos, profesora de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga, ayuda a profundizar en el Evangelio de este Domingo de Pascua de la Resurrección del Señor, 31 de marzo, (Jn 20, 1-9).
Hermosa escena del evangelista san Juan al describirnos el acontecimiento más importante de toda la Historia de la Salvación: Jesús de Nazaret, asesinado de la forma más inhumana e injusta, ha vencido a la muerte y ha resucitado de entre los muertos. El anuncio de las Escrituras está cumplido. Es el primer día de la semana y está amaneciendo; todo empieza y se estrena: una nueva vida (la del Resucitado), una creación nueva y un hombre nuevo, como nos enseña Pablo. La “noche oscura” ha sido larga, todo parecía haber muerto en la tragedia de la Cruz. ¡Cuántas noches eternas de sufrimiento, soledad y desamparo vividas, donde el dolor aturde y ciega llevándonos a la desolación total! Así están los discípulos cuando María Magdalena, al clarear el alba, les anuncia que la losa está quitada y se han llevado a su Señor del sepulcro; cuando la tristeza nos tiene el corazón atenazado, ¡cómo nos cuesta pasar de la oscuridad a la luz! ¿Será fruto de nuestros anhelos?
Esta vez es real, Cristo resucitado es la luz que alumbrará al mundo y dará sentido a una humanidad nueva redimida en su misterio pascual. Luz venerada y celebrada en el cirio pascual de cada Vigilia Pascual, que estuvo presente en nuestro bautismo y estará en las exequias para significar que, por el sacramento, quedamos entroncados a Cristo participando de su vida, muerte y Resurrección.
¡Feliz Pascua de Resurrección! Gocemos de la vida en Cristo Jesús haciendo partícipes de ella a quienes nos rodean.

