El 12 de julio se celebró la Noche Talithakum en Mollina, con unos 200 participantes y la actuación de los grupos Shemá, Ixcís y el sacerdote y cantautor Juan Baena. En esta noche el objetivo es celebrar la fe en torno a la Eucaristía, el arte y la música. Esta iniciativa cumple 18 ediciones este 2025.

La Noche Talithakum se celebró este año bajo el lema "Tú, nuestra esperanza". Además de las actuaciones musicales de Shemá, el grupo Ixcís y Juan Baena, los asistentes pudieron disfrutar de una exposición de dibujos de Fano, que ha realizado el cartel de esta edición, y también de llectura de textos, oración y, como cierre, la celebración de los 18 años de la Noche, con la sopla de velas por los artistas, y la Eucaristía. 

ENTREVISTA

Conchi García es natural de Mollina, madre de tres hijos: Esteban. Javi y Ramón. Cuando su segundo hijo tenía tres meses, sufrió una meningitis que le dejó, entre otras secuelas, un daño cerebral severo. «Nuestra vida dio un vuelco de 180 grados, y desde entonces todo gira en torno a él». Para esta madre, voluntaria de la noche Talithakum de arte y oración, «esta es un lugar para reconectar con el Señor». 

 

Su testimonio como voluntaria de esta noche Talithakum está marcado por su maternidad tan especial. ¿Cómo es su hijo Javi, Conchi?
Es amor puro, nuestra recarga y el que nos da fuerzas cada día. En él vemos el rostro de Dios.

¿Cómo entra en contacto con la Noche Talithakum y cuál es su aportación?
Pues vino a través de mis hijos. Actualmente formo parte de la organización junto a varios voluntarios y voluntarias de la parroquia de Mollina y Humilladero. La Noche Talithakum empezó en 2004 con el lema “Sueño de una noche de verano”, pero mis inicios fueron más tarde, a través del teatro. Hace unos años durante una reunión del grupo de matrimonios de la parroquia, Fermín Negre, nuestro cura en aquel entonces, nos propuso hacer un teatro con los niños para la Noche Talithakum. Preparamos un teatro de sombras con nuestros niños que gustó mucho y durante varios años nos encargamos de cubrir esa parte teatral. Desde entonces he hecho un poco de todo, desde presentar hasta reponer el papel higiénico, que también es importante. En realidad todo se hace entre todos. Hay un grupo de voluntarios y voluntarias arrimando el hombro. Unos ayudan a montar el decorado, otros a limpiar, preparar habitaciones…

¿Cómo la definiría a alguien que no ha ido nunca?
Yo siempre digo que la Noche Talithakum es una noche mágica. Es un lugar de encuentro, de oración, de arte, de reconectar con el Señor. La noche, la música, el patio del convento que tiene un encanto especial. Toda esa mezcla la hace para mí muy mágica.

¿Qué cree que encuentra quien se acerca a ella?
Pues va a encontrar una noche de música y oración, una vivencia de fe, de reflexión, de alegría, de compartir con los demás.

¿Qué es lo que más valora de esta experiencia? ¿Cuál es su mayor riqueza?
Para mí, la música, los artistas que vienen son muy buenos. Las letras de sus canciones te tocan por dentro. Muchas veces pienso: «parece que esta letra esté escrita para mí». Otro de sus puntos fuertes es la Eucaristía. En ese momento ya nos sentimos todos una familia.

¿Qué le ha aportado en este tiempo a usted personalmente?
Para serte sincera, antes de la Talithakum yo no escuchaba música católica. Ni se me ocurría, vaya. Ahora la escucho muy a menudo, es para mí un bálsamo cuando el día se tuerce.

¿A quién va dirigida y como invitaría a participar?
Todos son bienvenidos. Si quieres vivir una experiencia diferente, una experiencia de fe a través del arte, te animo a venir.