Aprobado por la asamblea general del Sínodo de los Obispos, el Documento Final recoge el consenso alcanzado tras el discernimiento de pastores de todas las Iglesias y, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios.
El sábado 26 de octubre de 2024, los miembros de la Segunda Sesión de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos aprobaron el Documento Final. Dicho texto recoge el consenso alcanzado tras el discernimiento de pastores de todas las Iglesias y, como parte del Magisterio ordinario del Sucesor de Pedro, compromete a todo el Pueblo de Dios. El papa Francisco aprobó su publicación y como comunidad diocesana, estamos llamados a acogerlo y comenzar a estudiarlo, para ver cómo llevar a la práctica «el camino de la sinodalidad que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio», como afirmó el papa Francisco.
En la Nota del Santo Padre que lo acompaña, Francisco afirma que este documento «recoge los frutos de un camino marcado por la escucha del Pueblo de Dios y por el discernimiento de los pastores. Dejándose iluminar por el Espíritu Santo, toda la Iglesia ha sido llamada a leer su propia experiencia y a identificar los pasos a dar para vivir la comunión, realizar la participación y promover la misión que Jesucristo le confió. El proceso sinodal, iniciado en las Iglesias locales, pasó después por las fases nacional y continental, hasta llegar a la celebración de la Asamblea del Sínodo de los Obispos en las dos sesiones de octubre de 2023 y octubre de 2024. Ahora el camino continúa en las Iglesias locales y sus agrupaciones, valorando y teniendo muy en cuenta el Documento final, que fue votado y aprobado por la Asamblea en todas sus partes el 26 de octubre. Yo también lo aprobé y, firmándolo, encargué su publicación, uniéndome al «nosotros» de la Asamblea que, a través del Documento final, se dirige al santo Pueblo fiel de Dios. Reconociendo el valor del camino sinodal realizado, entrego ahora a toda la Iglesia las indicaciones contenidas en el Documento final, como restitución de lo que ha madurado en estos años, a través de la escucha y el discernimiento, y como orientación autorizada para su vida y misión».
