Eucaristía en el Jubileo del mundo penitenciario celebrada en la cárcel de Alhaurín de la Torre

Homilía de Mons. Jesús Catalá, durante la Eucaristía con motivo del Jubileo de los presos en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre.

JUBILEO DE LOS PRESOS EN EL CENTRO PENITENCIARIO­

(Alhaurín de la Torre, 22 febrero 2025)

Lecturas: 1 Sam 26, 2.7-9.12-13.22-23; Sal 102, 1-4.8.10-13; 1 Co 15, 45-49; Lc 6, 27-38. (Domingo Ordinario VII-C)

1.- Celebración jubilar

Estamos celebrando el Jubileo 2025 en este Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre. Hemos realizado simbólicamente una peregrinación atravesando el arco ornamentado que habéis preparado y que significaba una “Puerta Santa”.

Ya sabéis que las Puertas Santas están en las cuatro grandes Basílicas de Roma y otra en la cárcel romana más grande de Italia, que el Papa ha querido inaugurar él mismo. En nuestra Diócesis, además del templo catedralicio, tenemos como templos jubilares el Cottolengo y la iglesia del Sagrado Corazón en Melilla.

Al atravesar el arco jubilar agradecemos a Dios que nos ha concedido el perdón de nuestros pecados y nos ofrece su amor. Esta celebración es una hermosa fiesta, en la que el Señor llena nuestros corazones con su amor. Anteriormente habéis celebrado el sacramento de la penitencia, pidiendo perdón a Dios de los pecados.

Agradecemos vuestra participación y la colaboración de los voluntarios, así como la animación pastoral de los sacerdotes.

2.- Dios-Padre es compasivo y misericordioso.

Vamos a comentar tres puntos, sacados de las lecturas bíblicas y referidos a las tres Personas de la Santísima Trinidad.

El Salmo que se ha proclamado nos recuerda el amor compasivo y misericordioso de Dios-Padre: «Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades» (Sal 102, 3). Dios nos ama tal como somos, aunque nos alejemos de él, no escuchemos su voz y no obedezcamos siempre su voluntad. Él cura nuestros egoísmos, sana las heridas de nuestro corazón y siempre está atento a nuestras necesidades.

¿Cuál es el amor más sincero y puro que conocéis? Responden: El amor de madre. ¡Ciertamente! Pues Dios tiene un corazón bondadoso y entrañas de misericordia. Las entrañas son lo más íntimo del amor maternal. Dios «rescata tu vida de la fosa, y te colma de gracia y de ternura» (Sal 102, 4), porque ama tiernamente.

«El Señor es compasivo y misericordioso, lento a la ira y rico en clemencia» (Sal 102, 8). Tiene mucha paciencia con nosotros; nos espera, aunque nos alejamos de él; nos perdona, cuando le fallamos; nos cuida, cuando nos herimos. Porque siente ternura por sus hijos (cf. Sal 102, 13).

Demos gracias a Dios por su inmenso amor, que no se cansa de nosotros.

3.- Jesucristo, el Hijo de Dios, nos amó hasta el extremo

Después de comentar el amor entrañable del Padre, veamos ahora el amor total de Jesucristo hacia nosotros.

Antes de la fiesta de la Pascua, «sabiendo Jesús que había llegado su hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo» (Jn 13, 1).

Jesús nos amó tanto, que fue capaz de morir en la cruz por nosotros. La cruz ha quedado reconocida como la “señal del cristiano”, como el signo del amor más desinteresado. Cristo ha dado su vida por nosotros, que somos pecadores y estamos llenos de egoísmo y de miseria.

Damos gracias a Jesucristo, quien ha obtenido nuestra salvación y nuestra liberación de la muerte eterna.

En el Aleluya, que hemos recitado antes del Evangelio, hemos escuchado de labios de Jesús: «Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros, como yo os he amado» (Jn 13, 34). El reto es muy grande.

4.- El Espíritu Santo nos faculta para amar

Si Dios-Padre nos ama con ternura y con entrañas de misericordia y Dios-Hijo nos amó hasta el extremo y mandó amarnos unos a otros, el Espíritu Santo es quien nos hace capaces de llevarlo a cabo. Ninguna persona es tan buena y tiene fuerzas propias para amar a los demás.

El evangelista Lucas nos he recordado las palabras de Jesús: «A vosotros los que me escucháis os digo: Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian» (Lc 6, 27).

¿Quién de nosotros amaría de manera espontánea a su enemigo? ¿Quién de nosotros por propia iniciativa perdonaría a quien le ha hecho daño?

Hemos escuchado en el libro de Samuel que David perdonó la vida de su rey, que le perseguía a muerte con sus soldados. El rey Saúl dormía con su tropa y David, en vez de matarlo, cogió la lanza que estaba junto al rey y marchó, no queriendo atentar contra el ungido de Dios. Desde lejos llamó al rey y le mostró su lanza con la que podía haberle quitado la vida (cf. 1 Sam 26, 7-13).

El Señor Jesús nos pide que amemos a nuestros enemigos y hagamos el bien sin esperar nada (cf. Lc 6, 35); que seamos misericordiosos como Dios-Padre es misericordioso (cf. Lc 6, 36); que no juzguemos y no seremos juzgados, no condenemos y no seremos condenados (cf. Lc 6, 37).

Este es un buen proyecto de vida para todos nosotros. Todo esto podremos hacerlo con la gracia y la fuerza del Espíritu Santo.

5.- Peregrinos de Esperanza

Estamos celebrando el Jubileo 2025 para ganar la indulgencia plenaria del perdón de nuestros pecados. En el cartel que habéis puesto en la pared del altar se dice: “La esperanza no defrauda”.

Ciertamente, la esperanza no defrauda; sino que va más allá. El lema del Jubileo es: “Peregrinos de Esperanza”. No se trata solo de tener esperanzas terrenas: obtener la libertad, recuperar la familia, conseguir un buen trabajo, llegar a ser rico. La Esperanza del Jubileo es la virtud teologal que, junto con la fe y la caridad, se nos regaló en el bautismo y mira hacia la vida eterna.

¡Vivamos le Esperanza en el amor de Dios y en la vida eterna! Somos hijos amados de Dios, que nos ha perdonado y quiere hacernos partícipes de su vida divina.

Además de la presente celebración jubilar, podéis ganar la indulgencia plenaria en otras ocasiones, cumpliendo los requisitos propios del jubileo (confesión y comunión sacramental, rezar por el Papa, y profesar el credo).

¡Os deseo un fructuoso Año Jubilar 2025! Amén.