«Hermanos, el dolor de tantas víctimas, el dolor del Pueblo de Dios, así como el nuestro propio no puede ser en vano. Es Jesús mismo quien carga todo este peso en su cruz y nos invita a renovar nuestra misión para estar cerca de los que sufren, para estar, sin vergüenzas, cerca de las miserias humanas y, por qué no, vivirlas como propias para hacerlas eucaristía». Es uno de los fragmentos de la carta que el papa Francisco dirige a los sacerdotes de todo el mundo, con motivo del 160º aniversario de la muerte del santo Cura de Ars, patrono de los párrocos.