En medio de un mundo que, cada vez más, se obstina en creer solamente en lo que se puede ver, medir y tocar, en lo que es eficaz y surte o efectos inmediatos, en lo que se puede verificar racionalmente, las dimensiones profundas de la vida parecen diluirse y reducirse a su más superficial o simplemente expresión teórica. Así ocurre con el amor, la libertad, la gratitud, la felicidad.