Ángel, Katia y la familia de Mohamed tienen una cosa en común, no tenían nada ni a nadie. Ellos son solo un ejemplo de las muchas personas que han pasado por la Casa del Sagrado Corazón. Y es que, como recuerda el director del Cottolengo, Patricio Fuentes, «esta Casa se define por la acogida inmediata y el sí rotundo ante situaciones de extrema urgencia. En estos casos no existe el “mándame el informe, ya veré si puedo…”. Para nosotros los más pobres de la sociedad son los primeros».