El cerebro, el órgano más perfecto jamás creado, garantiza al ser humano, con los programas grabados en su ADN, una supervivencia en las mejores condiciones posibles, y la perpetuación de la especie. Es una maquinaria que, manteniendo un perfecto equilibrio y una exquisita armonía y jerarquía, nos permite percibir, interpretar, crear, decidir y actuar. Y necesita que lo dejemos libre, tranquilo y limpio para evolucione fisiológicamente, y sus potencialidades puedan ir activándose y consolidando la integración de, hasta ahora, sus ilimitados recursos.