Seguramente mi experiencia es compartida de una u otra forma, por muchas personas. Con esfuerzo e ilusión, comencé a tejer mi vida. Siempre supe que Dios está. Mi corazón se sintió, más de una vez, revitalizado por su calor. Las circunstancias y mis propias decisiones, fueron dirigiendo mis prioridades por caminos diversos. Perdí de vista la Presencia y, por desuso, la senda de acceso se fue quedando enterrada.