La práctica de la medicina nos demuestra que no existen enfermedades sino enfermos, y es que la manera de enfermar de una persona, manteniendo algunos síntomas comunes, siempre conserva unos matices singulares condicionados por circunstancias personales, geográficas, genéticas, laborales y familiares, que determinan que la dinámica, evolución y pronóstico sean muy diferentes en cada persona. También se contempla que cuando una persona enferma de cierta entidad, toda la familia enferma, y esta verdad se hace evidente en las drogodependencias, por eso la presencia, implicación y participación de la familia en los tratamientos es importante y necesaria; las escuelas de padres se imponen como factor terapéutico, aunque realmente la figura que buscamos con especial interés es la madre, ¿por qué?