Una vez ya lo intentaron pero no pudieron acabar con él. Una nueva alianza, un amor extremo, una nueva forma de vida, curaciones descontroladas, un perdón radical y una misericordia infinita. La Pascua nos recuerda el intento de la cruz de detener y acabar con un Dios que contagia misericordia. No solo no lo consiguieron, sino que se extendió rápidamente, hasta hoy, por los cinco continentes. Lo siguen intentando pero no pueden, porque la potencia de la resurrección es imparable. No nos abandonó entonces a nuestra suerte y no lo hará ahora.