Don Manuel, un sacerdote de Jaén , acompañaba a su padre en el lecho de muerte. En un momento concreto lo veía algo aturdido y le preguntó “papá, ¿yo quién soy?”, y la respuesta: “Tú eres Cristo”, no es lo que esperaba oir en ese momento, pero tenía mucha razón ese buen hombre, con mucho cariño por su hijo pero también con muy buena formación cristiana, porque esa es la identidad del sacerdote, ese es el don inmerecido y maravilloso que recibe.