Tras una Vigilia de oración centrada en las inquietudes de los jóvenes: la verdad, la libertad, la búsqueda de la fe y de la vocación, y la oración ante el Santísimo en el más absoluto silencio, el domingo 3 de agosto amaneció con la ilusión de celebrar juntos la Eucaristía, presididos por el papa León quien recordaba a los jóvenes que «el encuentro con el Resucitado cambia nuestra existencia. Hemos sido hechos para una vida en la que todo se renueva continuamente en el amor. Abrid las puertas de vuestro corazón al Señor. Queridos jóvenes, nuestra esperanza es Jesús. Sois la sal y la luz del mundo. Llevad esta alegría a todos los países. Aspiren a cosas grandes, a la santidad, allí donde estén. No se conformen con menos».