Como cada día desde hace 53 años, cuando recibió la ordenación, Don Francisco se prepara para ir a Misa. Entra en la capilla y saluda al Señor con una inclinación profunda. Su destino, no obstante, no es la sacristía, sino uno de los bancos cercano al altar. Hoy tampoco se revestirá ni concelebrará, sino que se sentará junto al pueblo y junto a alguno más de sus hermanos sacerdotes.