Santo Tomás (3 de julio), tras vencer sus dudas, es portavoz singular de la Resurrección de Jesús. Según la tradición, evangelizó Siria, Persia y el oeste de la India, y en su nombre fueron escritos los Hechos y el Evangelio de Tomás, textos apócrifos pero que, en palabras de Benedicto XVI, son importantes para el estudio de los orígenes cristianos.