Cuando se es mayor se comienza a ser menos primario y se acostumbra uno a mirar las situaciones desde la perspectiva del paso de los años. Los descubrimientos que se pueden realizar son asombrosos
A lo largo de esta semana no ha parado de rondarme por la cabeza la palabra perdón. Es posible que se deba a la lectura del evangelio de cada día, que en esta semana habla de ello, o la llamada del Espíritu que me invita a buscar la paz, el caso es que no tengo más remedio que ponerme a la tarea de perdonar y pedir perdón. En ese orden.
Cuando se es mayor se comienza a ser menos primario y se acostumbra uno a mirar las situaciones desde la perspectiva del paso de los años. Los descubrimientos que se pueden realizar son asombrosos. A lo largo de mi vida me pueden haber ofendido, agraviado, perseguido o fastidiado en un número de ocasiones tan pequeño, que quizás se puedan contar con los dedos de las manos. Sin embargo, repasando las veces que me he equivocado, tengo que recurrir a los dedos de las manos, de los pies y de unas pocas docenas de personas.
Lo cierto es que gozo de una prerrogativa que quizás no comparto con todo el mundo: se me olvidan las cosas negativas que me hayan hecho. Posiblemente, aquel que me haya fastidiado, se acuerda mejor que yo del tema. Así que el viejo dicho, que utilizamos demasiado a menudo de “perdono, pero no olvido”, a mi no me atañe. Hay otros que esgrimimos, tales como: “el que la hace, la paga”, “hay que ser hermanos, pero no primos”, “perdone usted por Dios, hermano”, etc., que ni vienen en el Evangelio, ni siquiera en el Quijote, pero las soltamos y transmitimos a los niños tranquilamente.
Por el contrario, cuando meto la pata, lo que sucede a menudo, me cuesta mucho desprenderme del sentimiento de culpa. Siempre dudo ante la posiblidad de no haber sabido pedir perdón adecuadamente o de, simplemente, no haberlo hecho.
Días atrás, en un repaso a la parrilla televisiva (intento no decir la feísima palabra zapear) me encontré, en un programa de divulgación médica, a un señor al que no pude identificar. Decía: “cuando te agravian, la venganza te hace feliz un buen rato”, “cuando perdonas, de verdad, el perdón te hace feliz toda la vida”.
Cuanta razón lleva…
