Hablábamos de la Biblia cuando uno dijo: «Si la Biblia es Palabra de Dios, podríamos pensar: ¿qué otros títulos podemos darle?»
A los jóvenes les pareció bien y se pusieron a ello. Uno apuntó: «La Biblia es camino de esperanza», «sustento de la fe», «libro de oración»... Y así, fueron exponiendo sus intuiciones. Cuando concluyeron, alguien dijo: «¿Y por qué no explica lo de libro de oración?».
Asintieron, y al cura que soy le tocó hablar. Más o menos, les dije: «Primero, la Biblia es libro de oración porque es palabra de Dios, y sólo tras haber escuchado a Dios se puede hablar con él. Segundo, es libro de oración porque en él encontramos muchísimas oraciones que nos pueden enseñar a orar. En los salmos, por ejemplo, muchos son oraciones de petición; no pocos, oraciones de acción de gracias; y otros, oraciones de alabanza. Tercero, los profetas nos advierten de que lo primero que Dios quiere es el amor, la justicia y el derecho, y que, sin esto, los sacrificios y la oración no le agradan. Hay un salmo que recuerda: “El Señor ama la justicia y el derecho y su misericordia llena la tierra”. En resumen: la Biblia nos está diciendo que la oración exige, por un lado: el amor, la justicia y el derecho; y por el otro: la súplica, acción de gracias y alabanza. Dos caras inseparables de la misma moneda».
