La barbarie Yihadista ha puesto en plena actualidad lo que pudiéramos llamar el contexto religioso donde, a través de todos los tiempos y culturas, se desarrolla la vida del ser humano. En círculos de bastante nivel intelectual viene cuestionándose la oportunidad de la Religión, de cualquier Religión, como elemento positivo digno de conservar. Las Religiones, vienen a decir, han sido siempre motivo de enfrentamiento social y enemistad entre las gentes. En una palabra, la idea sería terminar con el sentimiento religioso en una o dos generaciones. Al Cristianismo se le acusa de haber puesto freno al desenvolvimiento y avance cultural de la humanidad.
Antes de nada, conviene decir que el llamado sentimiento religioso no está disponible, si me permiten decirlo así. Este espécimen contradictorio, débil y dominador, capaz de bajezas repulsivas y heroísmos sublimes, no ha podido sustraerse jamás a esa llamada indefinible e inexplicable que llamamos Religión. Esta es una de las pruebas de la existencia de Dios. Ya sé que muchos intelectuales esbozan una sonrisa de superioridad cuando escuchan esta “simplicidad” demostrativa, pero recuérdese que, muchas veces, la grandeza de un pensamiento yace en la más simple de las opiniones.
Finalmente, quizá sea necesario afirmar, una vez más, que el Cristianismo no es propiamente una Religión sino una nueva vida, o sea, una manera distinta de contemplar las cosas desde el prisma del amor; o, dicho de otra manera, amar a los demás con la óptica de Jesús que, a partir de determinado momento, es nuestra propia óptica.
Recuerdo aquel discurso del Apóstol Pablo a la sabiduría de su tiempo; “Atenienses, sé que sois muy religiosos. Yo no os predico una religión nueva, sino al Dios desconocido".
Los cristianos seguimos predicando a ese Dios- único Dios- que se da a conocer y otorga nueva vida, desde la cual, el hombre es capaz de amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo.
