Abou, en la maleta en la que intentó cruzar la frontera

Al abrir la maleta dijo su nombre, ¿Cuál? ¡Qué más da! Darle nombre es identificarlo. Este niño no tiene identidad. Venía en el interior de una maleta. Como cosa. El niño trataba de amortiguar los ruidos de la respiración. Ni siquiera era dueño de su propio aliento. ¿Cabe mayor carencia? Ya digo, un nombre no es indicativo de nada. Llenaba una maleta. Solo eso.

No quiero hablar del horror de la emigración. Eso sería adjetivar el horror. Y el horror es horrible en sí mismo. Lleva dentro de sí su propio adjetivo.

¿Qué hacemos? Durante muchos años hemos dirigido la minoría de edad de África. La hicimos a nuestra conveniencia; la protegimos mediante una figura política que se llamaba “protectorado”. Después, cuando los negritos se pusieron en plan bronco, les dibujamos unas naciones arbitrarias, a nuestra conveniencia, sin tener en cuenta sus etnias, ni sus intereses, ni… ¡qué sé yo! En resumen, seguimos protegiéndoles a distancia. Por ejemplo, les vendimos carros de combate de segunda mano pero, oye, muy eficaces. Y misiles a precio de saldo muy eficaces, mataban con la misma eficacia que los de primera generación. ¡Ah! esto es lo mejor, les insuflamos tan amor a sus patrias diseñadas que llegaron a creer que eran suya de toda la vida; Hasta el extremo de que lucharon por ellas con auténtico ardor guerrero. Hay que ver. Ya no les queda casi nada. Bueno, les queda el “coltan”, un mineral indispensable para construir teléfonos móviles. Se lo estamos quitando de manera masiva. Es igual, los hambrientos no tienen interés por la telefonía.

A los africanos se les mueren los niños de hambre y no les queda más remedio que embutirlos en maletas, entrenándolos, eso sí, para que no respiren… Bueno, para que respiren poco.

Hay en todo este asunto de las maletas una gente muy especial. Son los misioneros. Hacen el viaje en sentido contrario. Si, así es. El Señor Jesús los llamó y ellos dijeron, uno a uno, ¡Aquí estoy, Señor! ¿Qué quieres que haga? Y se fueron. Allí están.