Una conducta asumida por un grupo significativo de personas, está señalando que existen unas causas que la provocaban, consolidan y perpetúan. En el tema de la prostitución, la intención de su recurrente legalización, se ofrece como una medida jurídica para proteger a la mujer que, regulando su trabajo, le permitiría tener los mismos derechos sanitarios y sociales que otro oficio, y similares obligaciones tributarias, aunque de manera sobresaliente se resalta la libertad que supone para esa persona elegir las opciones de vida que desee.

Al atender a estas personas por alguna patología o problema asociado, tenemos que realizar necesariamente una  historia clínica, y en ella se descubren e identifican el origen y las causas de su situación de "trabajadora del sexo" y, de manera rutinaria, se evidencian antecedentes de malos tratos, explotación, violencia y abusos infantiles; consumo de drogas en los padres; convivencia conflictiva que le hace vivir periodos de difícil supervivencia, y otros factores, que crearon, en una determinada etapa de su vida, un escenario existencial en el que su integridad física se encontraba en constante peligro, y la necesidad angustiosa de buscar de manera urgente una salida, fue la que, anulando su libertad y capacidad de discernimiento, dirigió su conducta: la prostitución se le presentó como un refugio donde ponerse a salvo…de momento.

Las características de esta vida se encuentran marcada por una situación marginal, conflictiva, peligrosa, solitaria, vulnerable y de tanta indefensión que necesita un protector que le ofrezca tutela y seguridad a cambio de hacerle partícipe de sus ganancias; la ausencia de libertad sobre su vida y la disciplina con matices de esclavitud a la que se encuentra sometida, es una experiencia precoz. A pesar de todo, y especialmente si tiene hijos o cargas familiares, la idea de  ahorrar dinero, es como una obsesión que también le hace considerar su situación como una etapa accidental y transitoria, y así mantiene una esperanza viva para rescatar la autonomía y libertad perdida: estas ilusiones  prorrogan su conducta. Pero, la acumulación de dificultades y problemas e incluso el sufrir un feminicidio incompleto, intermitente y a pequeña dosis, la conducen a situaciones límites que la obligan, perdiendo otra vez su libertad de elegir, a adaptarse para sobrevivir, y asumir una vida en la que se clausuran esperanzas y se difumina la idea de un cambio de vida.

El cerebro racional pierde protagonismo y se impone el cerebro instintivo y reptiliano que, sustentando a un visceral cerebro emocional, informa de una desorganización que desmantela la jerarquía, orden y armonía cerebral. Este mapa interior nos revela a una persona con su  territorio emocional y afectivo en ruinas, deteriorada en su identificación como persona, y ausente del presente sin perspectivas de futuro, por lo que es fácil que pierda el sentido y significación de su vida. Explotada, usada y valorada como mercancía, con la seguridad de ser desechada cuando no sea útil, es cuando ya no tiene libertad para nada; es "algo" invisible que no importa a nadie y se convierte en una mujer sin escapatoria.

¿Alguien puede elegir libremente este estilo de vida, que describe y detalla la historia de una esclavitud? Pero ¿se puede legalizar la esclavitud?

Es razonable pensar que el tema de la legalización se presenta como una manera  espuria, a modo de señuelo, para evitar abordar de manera clara las causas del problema,  y esta argumentación, que no tiene posición de refutable, es rechazada y manipulada perversamente por los gobiernos y grupos financieros que, vislumbrando un peligro para sus singulares intereses económicos, intentan impedir soluciones, incluso parciales, para este colectivo.

Si lo que la ley pretende, sin retóricas embaucadoras y engañosas, y con recta y limpia intención, es el bien de esas personas, la ruta es diáfana: facilitar y desarrollar programas que ofrezcan alternativas válidas de vida que la dignifiquen y le hagan rescatar su condición de ser humano, con intervenciones firmes, verdaderas y rápidas, y simultáneamente, de manera decidida y práctica, aplicar otros programas que aborden y anulen las causas, de todos conocidas y resumidas anteriormente, que fuerzan y obligan   el estilo de vida que estamos analizando, y que, representando un tratamiento causal y preventivo, es excepcionalmente eficaz y eficiente, pues la identificación de los objetivos de una ley con los deseos más deseados de las personas a las que se aplicará, estimulará una singular colaboración que aporta todas las garantías posible para su desarrollo.