He asistido a la presentación de la memoria 2014 de Cáritas Diocesana de Málaga. Una vez más he tenido dos sentimientos encontrados. Por una parte la angustia que me provoca el conocimiento de la situación de una buena parte de la sociedad malagueña, de la vergüenza que nos debe provocar a los malagueños la situación de los Asperones; ¡ay los Asperones! Tan cerca y tan lejos. Y por el contrario, el orgullo por el trabajo realizado por esa Iglesia viva que es Cáritas.
El lema de este año, coincidente con el día del Corpus, como siempre -aunque, desgraciadamente, el Corpus ya no es uno de esos tres jueves en el año que relucen más que el sol-, nos hace aterrizar en la pregunta: ¿Dónde está tu hermano? ¿Qué haces con tu hermano?
Una extraordinaria reflexión que nos puede servir para acompañar a Jesús Sacramentado en nuestra procesión particular o en la que realicemos el próximo domingo por las calles de Málaga.
Una vez más, Cáritas pone el acento en el darse, no en el dar, en acompañar, en darse cuenta que no solo de pan vive el hombre. También tiene que pagar las otras necesidades primarias que parece que no son tan importantes. Vivienda digna, luz, agua, teléfono, trabajo, material escolar, recibos del Ocaso, escucha, etc. Cosas que
son de primerísima necesidad tanto como el comer. Las Cáritas parroquiales se hacen cargo de muchas de estas necesidades desde el amor, la comprensión y el acompañamiento. Dios se lo pague a Díos.
