He tenido la oportunidad de convivir con jóvenes en la búsqueda de la fe. Primero como uno de ellos, después como transmisor del Evangelio y, finalmente, como padre y abuelo.

En estos días se está celebrando en nuestra ciudad un encuentro de alto nivel sobre este tema. Estimo que obtendrán un excelente resultado. Falta nos hace. El pasado martes entrevistaba a las Hermanitas de los Pobres de Málaga para mi programa de radio y me hablaban de la falta de vocaciones en su orden. Las monjas cistercienses del Atabal se encuentran en la misma situación. En las órdenes

Esta es la parte visible de la situación. Por detrás hay una juventud que ignora, en su gran mayoría, la formación religiosa ni siquiera de forma cultural. En nuestra región, un tanto menos dada la tradición cofrade que les acerca, aunque de forma incompleta, al Evangelio.

Estimo que el cristianismo no es para las masas, el compromiso cristiano es tan fuerte, que no se puede transmitir basándose en la tradición o en la ubicación geográfica. Si no se edifica sobre un encuentro personal con Dios cae por falta de una base sólida. Pero los cimientos están en la familia. Después en la vivencia de una comunidad que le acompañe en ese difícil camino.

Lo de la vida consagrada es otro camino mucho más difícil. Es aceptar la respuesta que hizo Jesús al joven rico. “Déjalo todo y sígueme”. Hace años se reclutaban por los pueblos jóvenes de ambos sexos a instancias de los párrocos y maestros que estimaban una posible vocación en los candidatos. Hoy por hoy, todos los adolescentes, incluso los de ámbito rural, tienen acceso a los estudios, a los medios de difusión y a las redes sociales. Del tema religioso se le habla poco o nada. En las familias y en la sociedad se sigue con la sacramentalización rutinaria y coincidente con la tradición, pero no se profundiza en la misma, ni siquiera en la familia.

No es demasiado difícil para los jóvenes, si se consigue que se pongan a tiro, el aceptar el encuentro con Jesús, lo difícil es la continuidad, el acompañamiento, la segunda comunión, la puesta en vigor del compromiso de la confirmación, la realización de los compromisos del sacramento del matrimonio.

Estimo que debemos “entrar por la suya” para “salir por la nuestra”. Pienso que debemos llegar a ellos sin grandes compromisos ni verdades inmutables. Que las descubran ellos. Eso hacen las sufridas monjas. Acoger, ayudar e iluminar. Pero como dice el Evangelio son “muchos los llamados y pocos son elegidos”. Los que resisten… son una maravilla.