El delegado de Medios de Comunicación Social, el sacerdote Rafael Pérez Pallarés, invita a profundizar en el evangelio de hoy, 3 de diciembre, (Lc 10, 21-24).

La alegría es un don del Espíritu Santo. La dicha un anhelo del ser humano. En este sentido, alivia descubrir cómo la alegría es una constante en la vida de Jesús. El Evangelio de hoy lo expresa contundentemente. Lleno de alegría, el Hijo empujado por el Espíritu da gracias al Padre porque el misterio de Dios ha sido revelado a los pobres y sencillos. Casi nada. Jesús de Nazaret  recuerda a sus discípulos que tienen motivos más que suficientes para estar alegres: están con Él. La lógica de Dios es sorpresiva. La alegría, la sencillez y disfrutar de la compañía de Cristo son determinantes para favorecer la experiencia de Dios.

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