Manuel Abenza tiene 74 años, está casado, es padre de cuatro hijas y abuelo de ocho nietos. Sin esperarlo, su vida cambió hace algo más de una década cuando empezó a acudir cada semana a la prisión de Alhaurín de la Torre como voluntario de la Pastoral Penitenciaria. Manuel confiesa que esta experiencia le ha enriquecido enormemente. Ya no puede pasar sin su visita de los sábados al centro penitenciario, donde atiende, escucha y consuela a los reclusos. «En prisión hay muchos hombres que se han equivocado, no todos son malas personas», asegura.