Creo en el amor para toda la vida. Para esta. Y para la eterna. No me imagino, por ejemplo, que mis familiares, fallecidos, hayan dejado de quererme. Aunque, en esto de certezas eternas, habría que recurrir a la fe. José Luis Garci dijo recientemente en una entrevista en referencia a la vida post mortem: «No hay nada o hay misericordia». Interesante.