En las cercanías del Hospital Carlos Haya se encuentra una parroquia que siempre me ha llamado la atención por su estructura, moderna para su época, y el gran mural que respalda el altar mayor obra de Eugenio Chicano.
He tenido la oportunidad de convivir con jóvenes en la búsqueda de la fe. Primero como uno de ellos, después como transmisor del Evangelio y, finalmente, como padre y abuelo.
Ante tantas declaraciones, llenas de soberbia pero vacías de verdad, en las que se proclama: “olvido pero no perdono” o “perdono pero no olvido”, me han emocionado por su valor humano las realizadas por el padre de Diana Quer.
Aquellos que tenemos “algunas” primaveras a nuestra espalda, estamos acostumbrados a no recoger los frutos de la mayoría de los servicios o trabajos que desempeñamos.
Se suele decir que el que tiene algún problema, defecto o dificultad, es el último que se entera. Hace falta que se lo diga un montón de personas para que caiga en la cuenta.
Aquél padre de familia había crecido oyendo discursos programáticos cada final de año. Primero le hablaban de pantanos, luego de transición, más tarde de crisis y finalmente de separatismo.
A medida que nos vamos haciendo mayores podemos tomar dos opciones: convertirnos en unos integristas a lo “Don Cicuta” o hacernos más tolerantes (señal de madurez).
Hace unos días escuchaba la aclaración de un profesor de historia del arte señalando la diferencia entre las imágenes de las Vírgenes románicas y las góticas. Basaba su tesis en la mirada de la Madre hacia adelante, en el primer caso, y hacia el Niño en el segundo.
Mis lectores del segmento, que ya son mayorcitos, recordarán lo que fueron aquellos peones camineros que mejoraron las maltrechas carreteras españolas de la posguerra.
Llevan un montón de tiempo intentando desvirtuar todo cuanto huela a fe. Las mentes preclaras que nos dirigen están dispuestas a cargarse todo lo trascendente estrujándose las meninges… con un pésimo resultado.
Para vergüenza de todos nosotros se ha tenido que instituir el día de los pobres. El Papa, como siempre nos ha dado ejemplo. Comió con 1500 pobres en el Vaticano.
En estos días se ha escrito mucho sobre la personalidad de Gregorio Sánchez “Chiquito de la Calzada”. Cada uno de los malagueños que tenemos “más años que er clavo del almanaque”, nos hacemos eco del mensaje de cada una de sus palabras, basadas en la vida de nuestro barrio y nuestra época.
Los seres humanos somos como los vehículos. Necesitamos pasar revisiones cada cierto tiempo para conseguir mantenernos dentro de unos parámetros convenientes para la salud. Análisis y revisiones médicas, son una especie de ITV de nuestras condiciones vitales.
El 24 de febrero del 2012 me comprometí con unos amigos -y conmigo mismo- a escribir una columna semanal en la que recogiera las vicisitudes que sufrimos, los pertenecientes al “segmento de plata”, en nuestro encuentro con Dios y con los hermanos.